Uno de los objetivos de la dictadura militar, llevada a cabo desde 1976 hasta 1983, era eliminar aquellas ideas que no estuviesen de acuerdo con lo que ellos pensaban. Por este motivo, usaron distintas metodologías, como la censura, la quema de libros, el miedo, las desapariciones de personas, entre otras. A pesar de todo esto, hubo escritores y periodistas que en las sombras siguieron relatando la realidad de lo que ocurría en el país. Estas escrituras, no sólo que se transformaron en las letras de la disidencia, en aquel entonces, sino que también se convirtieron en el legado de una forma de ver y entender el mundo que ha perdurado hasta hoy.La Junta Militar, que estaba conformada por el general Jorge Rafael Videla, el almirante Emilio Eduardo Massera, y el brigadier Orlando Ramón Agosti, entre otros, tenían objetivos claros, y eran desarticular y exterminar a todos aquellos que “enfermaban” el país. Es decir, buscaban terminar con agrupaciones políticas que desde hacia tiempo se habían conformado, como por ejemplo Montoneros. El país se vio envuelto en una guerra civil, entre aquellos que estaban influenciados por lo que ocurría en el mundo, como ser la revolución cubana (1959), el marxismo, comunismo, y quienes veían a esto como una idea que llevarían al caos del país. Por este motivo, los militares, quienes habían tomado el poder, tomaron decisiones drásticas para acabar con las personas que no coincidían con su ideología. La metodología que utilizaron fue la de implementar una política de terror, que se basaba en la censura, el estado de sitio, las desapariciones de personas, las torturas, los fusilamientos, entre otros.
Dos miradas de una misma realidad
Rodolfo Walsh fue una de las figuras más emblemáticas y representativa de esta camada de escritores que se oponían a las políticas implementadas, ya que al cumplirse el primer aniversario del golpe de estado, es decir, en 1977, decidió difundir una carta abierta a la Junta militar. En ella cita los motivos que lo incentivaron a redactarla, entre ellos, la desaparición de sus amigos, el fusilamiento de su hija Victoria, la persecución a intelectuales, pero también por la imposibilidad de dejarlo ejercer libremente su derecho a escribir. Y a modo de graficar estos hechos, en el escrito relató con mucha precisión lo cometido hasta ese momento por los militares. Walsh había citado cifras tales cómo: “quince mil desaparecidos, diez mil presos, cuatro mil muertos, decenas de miles de desterrados…”, las mismas dan cuenta de lo que el golpe estaba haciendo. Asimismo, le cuestionó a la Junta si el fin de exterminar con la guerrilla justificaba los medios que estaban utilizando.
Al mismo tiempo, Walsh de encargó de describir lo que sucedía a nivel económico, explicando que el gobierno de facto era parte del gobierno que ellos mismo habían derrocado, y que la política económica no iba a variar, sino por el contrario, se iba a empeorar. En la carta Walsh cita: “un aumento del 722% en los precios de la producción animal en 1976 define la magnitud de la restauración oligárquica… El espectáculo de la bolsa de comercio donde en una semana ha sido posible para algunos ganar sin trabajar… la rueda loca de la especulación en dólares, letras valores ajustables…desnacionalizando bancos se ponen el ahorro y el crédito nacional en manos de la banca extranjera…”. El periodista, por todos lo medios, buscó describir la realidad de un pueblo, que estaba silenciado por el miedo y el terror.
La carta de Rodolfo Walsh fue escrita en pleno proceso. Sin embargo, su difusión fue escasa y recién con la vuelta de la democracia fue posible que le llegue a todos. Cabe resaltar que todos lo escritos clandestinos, por aquel entonces, se repartían de mano en mano, ya que los medios de comunicación, también estaban vigilados por la Junta. Entonces, se hacía imposible la difusión masiva. No obstante, aquellas personas que escribían en las sombras buscaron la manera de que sus relatos perdurasen en el tiempo, como lo hizo Rodolfo Walsh, quien fue secuestrado y aún continúa desaparecido, al otro día de escribir esta carta.
Walsh, si bien era un ciudadano y formaba parte de la sociedad, también era un militante activo de Montoneros, por lo tanto, sus escritos tenían una visión política y con su carta abierta, relató los hechos con información exacta y desde la perspectiva de militante. Sin embargo, también hubo escritores como Dal Massetto, que no hicieron callar su voz, y relataron los hechos que vivía el país, pero desde la visión de un ciudadano, que no tenía relación alguna con la política, pero que a su vez tenía coaccionada su liberta de expresión y pensamiento. Es el caso del cuento “Hay unos tipos abajo”, de este autor, que relata la historia de un joven que se siente perseguido por los militares. En este relato, se describe la sensación de persecución, miedo, y terror, con la que vivía el pueblo argentino. Dal Massetto, con su historia, buscó relatar cómo la sociedad vivía estos hechos. Por un lado, ejemplificó a aquel sector de la sociedad que se veía afectada y se sentía amenazada por esta política, como es el caso del personaje principal, Pablo, quien pensaba que lo tenían “marcado”, y por ende su vida se había convertido en una especie de paranoia. Y otro sector de la sociedad, que no veían o sentían que pudiesen ser secuestrados, ni muchos menos, al no estar involucrados en la política. Esto se observa cuando en el cuento Pablo busca refugio en la casa de un amigo, y la esposa de éste le pregunta porqué lo perseguían y si en algún momento se había involucrado en la política. Asimismo, en el relato, se deja entrever que una parte de la población no se dejaba afectar demasiado por lo que sucedía, ya que casi todos salieron a festejar el triunfo de Argentina en el mundial 78, mientras que sólo a unos metros del estadio de River, había personas que estaban siendo torturadas. En suma, Dal Massetto, ejemplificó las diferentes sensaciones que tenían las personas en ese entonces, como ser el miedo, al indiferencia, la manipulación, la persecución, entre otras.
La caída
Cuando la Junta Militar se dio cuanta de que su tiranía estaba llegando a su final, decidió provocar una guerra, cuyo fin era anunciado. Es decir, quisieron encontrar otro medio para seguir en el poder, al observar que su política ya casi había sido vencida. Por esto, en 1982, enviaron a las Islas Malvinas a un grupo de jóvenes argentinos, con el fin de declararle la guerra a Inglaterra, y volver a dominar el territorio, que alguna vez había sido argentino. No obstante, los escritores disidentes, tampoco dejaron de cumplir con su rol, y este fue el caso de Rodolfo Fogwill, que mientras transcurría la guerra relató “Los Pichiciegos”. Su relato se basó en escribir cómo un grupo de soldados desertores intentaban sobrevivir en la isla, y para esto habían construido un refugio bajo tierra. Mediante los diálogos de estos soldados, Fogwill, intentó transmitir el pensamiento del pueblo argentino. Los desertores se dividían en provincianos y porteños, quienes disentían en lo que pensaban. Sin embargo, ellos tienen una postura sobre Videla y Galtieri. Muchos de ellos eran conscientes de lo que el país había sufrido, mientras que otros se negaban a creer las barbaries que se decían de la Junta. Con lo citado anteriormente, Fogwill dejó leer entrelíneas que el gobierno de facto no pudo hacer callar a los que pensaban distinto, ni siquiera dentro de su misma fuerza, que era el ejército enviado a Malvinas.
El Proceso de Reorganización Nacional, que comenzó el 24 de marzo de 1976, tenía objetivos claros, uno de ellos era exterminar al fenómeno subversivo. Cualquier idea que se opusiesen a la de ellos era considerada subversiva, y por ende buscaban eliminarla. Los métodos: censura, miedo, terror…Sin embargo, y a pesar de que pretendían homogeneizar el pensamiento y que no se difundan ideas disidentes, hubo personas que desde algún sitio contaron la verdadera historia y la realidad de los hechos, tal es el caso de escritores como Walsh, Dal Massetto, Fogwill, entre otros. Gracias a estos autores, que cumplieron sus objetivos, sin someterse al terror, hoy en día, es posible ser conocedores de una historia que pretendió ser silenciada.
